21.10.09

Barriendo para casa

Aprovechando que he tenido que escribir esto por narices para clase quiero publicarlo por aquí para "culturizar" un poco el blog. Mi escrito es una reflexión sobre un artículo de Manuel Pimentel acerca de un libro de José Luis Esparza titulado Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo.


Podéis leer el artículo aquí.


Y esta es mi reflexión




Hace apenas dos siglos del momento en que el Romanticismo se rebeló ante los preceptos de la Academia, apartándose del rígido canon que esta enseñaba a sus estudiantes. De igual manera, hace un siglo, las Vanguardias reinventaron el arte, cambiando la visión sobre él , presentándonos un imposible mundo onírico y permitiéndonos conocer el sinsentido más elocuente por boca de Dadá. Y tampoco son tantos años los que han pasado desde que Warhol transformara una simple lata de sopa de tomate en todo un icono… Si hemos recorrido todo este camino hasta el día de hoy, de mano de la innovación, de la inquietud y la curiosidad… Si hemos tenido tantos loables predecesores, ¿por qué nos da la sensación de que todo empieza a irse por la borda?


Creo que el problema radicaría en una confusión de términos, principalmente por parte del que se hace llamar artista, pues confunde innovación y transgresión con arte; y lo que generalmente hace es dar gran importancia a estos dos conceptos, abandonando el camino de lo que realmente consideramos la mayoría que es arte. Claro que, como en todo, no hay un solo culpable, ¿o qué pasa sino con la gran cantidad de pseudo-críticos bohemios y vividores del arte que hoy plagan muchas galerías, todólogos ellos, que se creen con plenos poderes para sentar cátedra sobre si una obra de arte es buena y realmente no tiene ninguna idea de arte? Entiendo que el arte es en gran parte subjetivo, sin embargo parece que de unos años para acá se empeñan en torear a público y profesionales, tanto artistas como mecenas.


La experiencia me obliga a tomar parte en este asunto, pues los ocho pecados capitales que Esparza encuentra en el arte contemporáneo me he visto obligada a cometerlos. Pecadora, alejada de cualquier connotación religiosa, pero pecadora al fin y al cabo. ¿Por qué? Un año en Bellas Artes y una profesora especial que exigía a cada uno de sus alumnos seguir a pies juntillas estos ocho pecados me bastaron para darme cuenta de que lo más probable es que otro de los puntos de origen de este sindiós que es el arte de los últimos años se encuentre en las propias facultades.


Es precisamente después de reflexionar acerca de mis experiencias y sobre la propia historia del arte cuando creo que es en manos de los historiadores del arte, en nuestras manos, donde está la clave para evitar que meros charlatanes sigan tomando el pelo a un público que desea volver a sentirse parte de una manifestación tan propia de la sociedad y el ser humano como es el arte. Arte y transgresión, repito, son un binomio cuasi perfecto. La transgresión por la transgresión y el “arte” por la pretensión del autor de serlo están totalmente vacíos, lo que supone la gran contradicción de este arte vacuo que se nos vende lleno de inexistente profundidad y trascendentalismo.

2 comentarios:

Silvia Monkey dijo...

Brutalmente sincero... ¡abajo el arte vacío, que está podrido y sin alma!

snowy dijo...

....
.....
...de mayor quiero escribir como tú...